domingo, 24 de abril de 2011

Me llamo Rosaura

Me llamo Rosaura

Se escuchaban pasos tras la puerta de su habitación. Rosaura buscó en una gaveta, algún objeto que le sirviera de defensa. Apenas encontró un cortaúñas, unas diminutas pinzas y una aterradora lima. Finalmente en la oscuridad, agarró un zapato que tenía cinco pulgadas de taco y se sintió más segura. Mientras los pasos iban y venían, el temor inundaba y destruía los nervios de Rosaura. Se escuchaba tras la puerta a alguien rebuscando en gavetas y armarios. Al parecer, ese alguien, al no encontrar lo que buscaba, lo tiró todo al suelo provocando un gran ruido. Con los nervios hecho pedazos, Rosaura agarró con más fuerza su arma letal y esperó lo peor. Se acercó a la puerta, estaba decidida a enfrentar aquello que tanto terror le ocasionaba. De momento, el silencio hizo acto de presencia y el suspenso incrementó. Rosaura no podía esperar más y decidió abrir la puerta. Entonces todo cambió, la luz había vuelto y fuera de la habitación, no había rasgos de que alguien la hubiera revuelto buscando algo. Tampoco había nada tirado en el suelo, todo estaba como siempre. Rosaura se miró extraña y decidió entrar a su habitación. Cuando entró, vio que en la misma había un reguero de cosas en el piso. ¡Qué había pasado aquella noche!
_ En ese instante se escuchó una voz de mujer diciendo:
“Armando, Armando, ¿cuántas veces te he dicho que tienes prohibido jugar con mis cosas? Si sigues así, te voy a dejar castigado por un mes. Maldito hijo de tu mala madre, coño”
“Que soy Rosaura, abuela, Rosaura”
…y la habitación volvió a oscurecerse y los pasos volvieron a escucharse…

Definicion de autor por Sergio Rivera Torres

El autor

“El autor no es otra cosa que el instrumento principal en la narración de una historia que clama a gritos ser contada. Aún así es su responsabilidad hacerla ver totalmente verosímil al lector y ayudar a éste en la interpretación de la misma; es por eso que se le puede reprochar la poca o demasiada ficcionalización en lo escrito. En ocasiones el autor narra sin saber la conclusión, pues “la historia” se la guarda para sí y de paso no menguar el entusiasmo de su pobre interlocutor. Cabe señalar que los personajes cobran vida propia y de manera muy singular y con la ayuda del prejuicio del lector, se apoderan de la trama y el desenlace de la obra”.

por Sergio Rivera Torres